No es extraño que un bebé alrededor de un año tenga conductas como morder o pegar a otros.  Es importante recordar que en esta etapa el bebé está pasando por muchos cambios e intenta comprender de la mejor manera el mundo que lo rodea.  Estas actitudes agresivas forman parte del aprendizaje en la vida del niño, sin embargo es importante darles la relevancia necesaria y corregirlas a tiempo.

Estos comportamientos pueden presentarse en la mayoría de los bebés y debemos reconocer que no lo hacen con el fin de hacer daño. El bebé no sabe lo que está haciendo y siente una necesidad por expresarse, puede ser por sentirse frustrado, enojado, emocionado o contento y esta sea la manera en la que demuestra la emoción. Incluso puede presentarse porque simplemente desea sentir algo en la boca y mordisquea lo que tiene más cercano.

Cada padre tiene su propia manera de corregir a sus hijos, sin embargo, los estudios recomiendan que la reacción más positiva en estos casos es comunicar y dialogar. De acuerdo a la edad en la que se encuentre cada bebé la explicación que se le de será más o menos compleja, recordemos que la capacidad de comprensión de los bebés es limitada mientras más pequeños sean.

Lo más importante es reaccionar de inmediato, después del mordisco, hablar con un tono firme y decidido, sin risas ni alabanzas para explicar al bebé que no debe hacerlo porque está lastimando a alguien más. Es indispensable mantener la paciencia porque puede ser una conducta que se repita muchas veces más, lo necesario es ser congruente con la reacción y mantenerla en todas las ocasiones en las que se repita el mordisco o golpe para que el bebé comprenda lo que está haciendo y porqué no debe hacerlo.  Esta manera de corregir intenta enseñar la empatía y la importancia de no lastimar al otro, debemos comprender que en algunas ocasiones los resultados se verán a mediano y largo plazo, el tiempo que tome dependerá de la personalidad de cada bebé.

 

Por: Licda. Eleonora Montenegro.