Desde el momento en el que los niños nacen, están listos para comunicar sus necesidades.

 A medida que los padres aprenden y reconocen lo que necesitan y se encargan de proporcionárselo, les van enseñando muchas cosas sobre el mundo que los rodea. 

Está demostrado que los niños que reciben buenos cuidados durante el primer año de vida desarrollan mejores aptitudes para controlar el estrés, forman relaciones más saludables, buen rendimiento académico y tienen más autoestima. En términos generales, tienen más posibilidades de disfrutar de una vida equilibrada y sentirse realizados.

Según la teoría del apego, los bebés intentan crear un vínculo con las personas que se encargan de su cuidado, incluso con adultos que no son muy afectuosos. Este vínculo no está solamente basado en la comida, sino que va más allá de la necesidad del bebé de ser alimentado.

Un bebé busca esa proximidad con la madre a través del llanto, la necesidad de ser arrullado, las sonrisas, la succión, el balbuceo y el llanto, porque necesita ser aceptado y protegido incondicionalmente. 

Los bebés que crean un apego saludable y seguro ven a sus padres o cuidadores como una fuente de consuelo y una plataforma sólida desde la que pueden explorar el mundo y jugar.

El apego se produce las primeras semanas después del nacimiento del bebé, mientras que el vínculo emocional se suele desarrollar durante los dos primeros años de vida. 

Esta clase de atención tiene especial importancia durante el primer año porque es cuando más rápidamente se desarrolla el cerebro del bebé. En particular el lado derecho del cerebro, donde se concentran las emociones, se está desarrollando a gran velocidad (este ritmo de crecimiento disminuye en el segundo año de vida). Aunque los bebés no recuerdan momentos específicos de estos primeros meses, la base de sus emociones dependerá de las experiencias vividas.

Ana Verónica Martínez Abadía

Psicopedagoga de Moms&Tots

Leave a Reply

Your email address will not be published.